La edulcorada publicidad de Coca-Cola

En la última campaña publicitaria de Coca-Cola, de título , en la que se afirma que se utilizan datos extraídos de un estudio realizado en 2.010 sobre la situación mundial, se hacen una serie de comparaciones desatinadas y falsas.

Veamos las más llamativas:

“Por cada arma que se vende en el mundo, 20.000 personas comparten una Coca-Cola”

Considerando que:

El precio medio de una Coca-Cola sea de 0,5 dólares.

La mitad de la población mundial tiene un presupuesto diario de unos pocos dólares.

Existe un gran número de personas que no beben Coca-Cola por motivos éticos.

Existe un gran número de personas que prefieren cualquier marca alternativa.

Solo España ha exportado durante el primer semestre de 2.010 armas por valor de 900 millones de euros.

Las ventas de armas españolas suponen solo el 3% de la venta mundial.

Cualquiera puede darse cuenta de que si empezáramos a contar todas las armas que  fabrican los ricos para que sean disparadas contra los pobres, las cuentas no cuadran ni a tiros. De cumplirse la comparación, estaríamos nadando en Coca-Cola.

“Por cada Bolsa de Valores que se desploma hay 10 versiones de What a Wonderfull World”

La premisa previa no se cumple, teniendo en cuenta que no definen en qué consiste exactamente ese “desplome” y que, en caso de que haya tenido lugar alguno en algún momento, las Bolsas de Valores son Ave Fénix que renacen de las cenizas de sus propias víctimas y se yerguen sobre el mundo cubriéndolo de sombras y de hambre cíclicamente. Además está la falsa idea en el juego comparativo bueno-malo, de que el desplome de una Bolsa de Valores es una mala noticia. Si tenemos en cuenta que por cada inversor en Bolsa que existe, hay cientos de miles de personas sumidas en la pobreza, y no me refiero a un “por” comparativo, sino a un “por” causal, al final no es tan mala la noticia del desplome. Probablemente el desplome de 10 bolsas de valores es la mejor versión de “What a Wonderfull World” que puede inventarse.

“Por cada persona corrupta hay 8.000 donando sangre”.Nuevamente estamos ante una comparación desafortunada… y falsa. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, en 2007 se recogieron 85.000.000 de donaciones de sangre en todo el mundo. Por lo tanto, según Coca-Cola, en todo el mundo debe haber apenas unas 10.600 personas corruptas. Ridículo, ¿verdad? Teniendo en cuenta que únicamente en torno a la política estadounidense existen más de 150.000 lobbistas (personas que intentan influir en la política para favorecer determinados intereses empresariales o sectoriales) y considerando que cada uno corrompa a una persona influyente y con capacidad de decisión, sencillamente, no salen las cuentas. Incluso en el caso de que cada persona corrompible estuviera emboscada por 15 individuos de esa calaña, los 10.600 se contarían en Estados Unidos y eso,  desde el punto de vista estadístico y lógico, es imposible. Tampoco hay un puesto dentro de esos 10.600 corruptos, para cada persona que la corporatocracia precisa corromper en el tercer mundo, a fin de expoliar impunemente sus recursos.

Por otra parte, me imagino a la dirección del Partido Popular español redactando ahora mismo un comunicado en el que exprese su “oposición” a esta comparativa que ningunea a muchos de sus dirigentes, dejándoles sin su merecido puesto entre los 10.600.

Las otras comparativas

Puestos a jugar a las comparativas, el anunciante se ha dejado algunas muy importantes en el tintero, seguramente con el ánimo de no hacer muy largo su anuncio promocional:

Por cada concesión de explotación de acuífero en favor de Coca-Cola, una comarca se queda completamente seca.

Por cada acuífero que se apropia o que arruina con sus vertidos, la compañía tiene que invertir varios millones de dólares para lavar su imagen.

Por cada 6 litros de producto producido en el tercer mundo, una persona del tercer mundo pasa un día entero sin agua, muchas de las cuales son niños, uno de los principales objetivos comerciales de la marca estadounidense.

Por cada cultura local, por cada hábito cultural distinto al consumo de Coca-Cola, la compañía ha identificado un enemigo a batir, a desplazar, a suplantar, a destruir.

Por cada tonelada de hoja de coca que la compañía tiene que importar, un periodista indocumentado y malintencionado acusa a Hugo Chávez de mascar hoja de coca todas las mañanas. Como puede observarse, la hoja de coca sirve lo mismo para fabricar el orgullo nacional con gas, que para desacreditar a un presidente electo de un país anti-imperialista.

Por cada trabajador que Coca-Cola tiene en Estados Unidos con derechos laborales, existen al menos 10 trabajadores explotados por la compañía en sus plantas de países no pertenecientes al primer mundo.

Por cada dólar aportado por Coca-Cola a la campaña electoral de Bush, murió un iraquí inocente durante la invasión y estancia ilegal en aquel país.

Por cada pueblo que la política de la compañía arruina, existe un ejército que está dispuesto a defender a la compañía ante cualquier legítima protesta o reclamación, por parte de los damnificados.

Por cada millón de dólares de beneficio se cuenta un caso de represión psicológica o física contra trabajadores, sindicalistas, consumidores y afectados en general por la política de la empresa. En muchos casos, la represión ha terminado con la vida de quien reclamaba sus legítimos derechos.

Efectivamente hay razones para creer en un mundo mejor, hay razones para creer en una publicidad mejor, hay razones para creer en una política empresarial mejor.

Puede que solo sean impresiones mías, pero parece claro que esta compañía y su nociva y dañina política de expansión, es el paradigma de la cultura imperialista estadounidense.

Fuente: http://impresionesmias.com/la-edulcorada-publicidad-de-coca-cola/