Una concejala del PP en Paiporta (Valencia) se ve obligada a pedir disculpas tras sus comentarios tránsfobos sobre Cassandra Vera

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“¿Y esta cosa con bigote de dónde ha salido? Qué hartazgo, por Dios”, rezaba el texto con el que la concejala del Partido Popular en Paiporta (Valencia), Amparo Ciscar, se refería en Facebook a Cassandra Vera, la joven tránsgenero condenada por la Audiencia Nacional por difundir en Twitter chistes sobre Carrero Blanco. “No sé qué hay de despectivo llamando Ramón a un señor que se llama Ramón. Su DNI da fe de ello? Y decir que tiene bigote, si lo tiene…”, se defendía después, una vez empezó a recibir los primeros reproches. Ciscar, representante del PP en el Consejo de la Mujer de Paiporta, acabó pidiendo disculpas tras la oleada de críticas.

El propio gobierno municipal de Paiporta consideró “muy graves” la afirmaciones de Ciscar, a la que pidió la retirada de los mensajes tránsfobos y una disculpa pública. Según expresó el equipo de gobierno, “las diferentes opciones sexuales e identidades de género tienen que contar con el respeto y la comprensión de todas y todos pero, especialmente, de los cargos políticos que ostentan una responsabilidad pública”. El gobierno municipal también lamentó la imagen que se ha dado “de una localidad que muy mayoritariamente es respetuosa con las diferentes opciones sexuales y las identidades de género, y se mantiene firme en su lucha por la igualdad y contra la homofobia y la discriminación de las personas transexuales”.

Pero las críticas a Ciscar llegaron incluso de su propio partido. El portavoz del grupo popular en el Ayuntamiento de Paiporta, Vicente Ibor, reclamó a su compañera que pidiera disculpas públicas por lo que consideró un “comentario desafortunado”. De hecho, Ciscar acabó por retirar de su perfil de Facebook los comentarios tránsfobos y dejar, en su lugar, la siguiente disculpa:

En relación a la polémica que ha tenido lugar, con motivo de mi comentario en FB, quiero hacer algunas consideraciones.

“En primer lugar, reconocer que ha sido un comentario realmente desafortunado, pero que en modo alguno mi intención ha sido ofender a nadie, y muchísimo menos por su condición sexual.

Quiero ante todo hacer constar, que no soy una persona homófoba.

Que respeto profundamente la diversidad y las diferentes maneras de vivir y de sentir de TODAS las personas.

Quienes me conocen, saben que mi actitud, tanto en mi vida política como personal, siempre se ha basado en el respeto y las buenas maneras.

Por eso creo que mis palabras se han malinterpretado, y algo que pretendía ser meramente anecdótico se ha convertido en ofensivo muy a mi pesar.

Por tanto, pido a Casandra que acepte mis disculpas, así como al colectivo LGBT y a cualquier persona a la que he podido ofender sin pretenderlo.
Gracias.”

Lambda critica muy duramente al PP y pide la dimisión de Císcar

El colectivo valenciano Lambda ha reaccionado con firmeza ante la transfobia de Amparo Císcar. “Desde Lambda, entendemos que la señora Ciscar piense que, por el hecho de que Cassandra sea una persona trans, tiene el poder de robarle la dignidad humana y por este motivo su partido votó que no a una ley que nos igualaba con el resto de la ciudadanía [la ley integral de transexualidad recientemente aprobada en las Cortes Valencianas con la oposición del PP]. Quizás si estos comentarios se hubiesen realizado en referencia a la señora Ciscar, o hacia alguien de su familia o partido, serían considerados una enorme ofensa e incluso un hecho delictivo contra el honor”, expresa Lambda en su comunicado. “Parece ser que la edil del PP aún no se ha enterado que muchas mujeres, o personas que se sienten e identifican como mujeres, sean trans o no-trans, tienen bigote y no por ello dejan de ser mujeres”, llega a añadir.

En su comunicado, Lambda crítica de forma muy dura al partido de Císcar y a su actitud hacia las personas LGTB. “Como personas trans estamos hartas de que el PP nos considere ciudadanas de segunda. No podemos continuar tolerando que el PP anteponga los derechos de la ideología católica a nuestros derechos fundamentales, tal y como hicieron con la defensa de ciertas enmiendas el pasado jueves 30 de marzo en la votación sobre la Ley Integral del reconocimiento del derecho a la Identidad y Expresión de Género de la Comunidad Valenciana. Es inadmisible que el PP siga defendiendo, como de nuevo hizo a través de la serie de comparecientes que participaron las diferentes sesiones de debate sobre la ley trans, que se nos aplicaran terapias de aversión para revertir nuestra identidad y deseo”, expresa la nota.“Desde Lambda todavía recordamos las votaciones de la ley de 2007, que nos facilitaba el cambio registral de nombre y sexo, y a la bancada del PP en el Congreso de los Diputados, votando en contra de aquella ley sin inmutarse, sin padecer ni un solo instante por las vidas que estaba menospreciando y más de uno, tras apretar el botón del no, siguió leyendo el periódico como si nada”, añade con amargura.

“Señora Amparo Ciscar, con sus comentarios no solo ha discriminado a Cassandra sino a todo el colectivo de personas trans. Así pues, desde Lambda, le exigimos una disculpa pública y que retire todo comentario que fomente el discurso del odio hacia las personas trans. Además, le exigimos, la dimisión inmediata del cargo público que ostenta, ya que sus declaraciones de odio la incapacitan para defender el interés y el bien común que como política está obligada a defender y a hacer cumplir. Como dice la investigadora, escritora y directora Susan Stryker, ‘la mayoría de las personas tienen grandes dificultades para reconocer la humanidad de otra persona si no pueden reconocer el género de esa persona’. Señora Císcar, ese es su problema y el de su partido, problema que se hace evidente cada vez que les vemos votar en contra de cualquier propuesta que dignifique nuestras vidas”, finaliza el comunicado.

Un caso que merece reflexión

En cualquier caso, ya al margen de la transfobia demostrada por el PP valenciano, lo que está sucediendo en torno a Cassandra Vera merece una reflexión profunda. Los múltiples comentarios surgidos tras su condena están dejando al descubierto una transfobia latente que resulta preocupante. No nos referimos ya a los habituales perfiles difusores de odio LGTBfobo en redes sociales, sino a personas que en otras circunstancias se lo pensarían dos veces antes de hacer un comentario tránsfobo (como ha sido, quizá, el caso de Amparo Ciscar). Es en estos casos, precisamente, en los que se pone a prueba la solidez de principios de muchas personas. Basta que se hayan conocido comentarios que aún siendo adolescente dejó Cassandra Vera en sus redes sociales y que muchas personas han considerado reprobables o de mal gusto para que “se relaje” la vara de medir de la transfobia y se abra la veda del comentario insultante.

Por no hablar de la confusión reinante sobre el derecho a la libertad de expresión y sus límites, incluso entre personas con sensibilidad progresista. Como el periodista Antón Losada señalaba muy acertadamente en la columna que hace pocos días publicó sobre el caso en el diario.es, “otra curiosa manera de defender la libertad de expresión estos días ha sido equiparar la condena a Cassandra con la prohibición de circular al autobús de Hazte Oír, tratándolos como si fueran ejemplos similares de idénticas amenazas para la libertad y la tolerancia. ‘Yo no hubiera condenado a Cassandra, pero tampoco habría prohibido el autobús de Hazte Oír’, repiten muchos convencidos. Como si fuera lo mismo publicar tus ideas en un medio donde acceder supone una acto voluntario, que ocupar una calle y un espacio público obligándonos a todos a leerlas y escucharlas, nos guste o no. Como si a Hazte Oír la hubieran prohibido usar Twitter, o publicar una web, o editar sus ideas; no simplemente abusar de manera ilegitima de un espacio público”.

Nosotros mismos destacábamos la que consideramos diferencia de trato entre lo sucedido con Cassandra Vera y con la campaña de HazteOír. Los que en sus comentarios nos han reprochado nuestra postura argumentan que no es posible criticar la condena de Cassandra y pedir que se persiga legalmente la campaña de los ultraconservadores. Como si fuera lo mismo una campaña planificada de incitación al odio tránsfobo (financiada, programada, publicitada con dinero obtenido gracias a beneficios fiscales y acompañada de edición de material escrito enviado a los colegios, de cartelería con mensajes de odio, etc.) que la publicación en redes sociales de personas desconocidas de tuits, chistes u opiniones provocativas o políticamente incorrectas, por desgradables que nos puedan parecer. Flaco favor nos hacemos a nosotros mismos si no somos capaces de ver la diferencia, o si la vemos pero preferimos pasar de puntillas sobre el caso temerosos de que ello nos haga antipáticos ante cierta opinión pública.

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