El grupo Rokavieja ve atacada su libertad de expresión

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logo_2-1Mediante este comunicado, queremos hacer pública la sanción que se propone por parte de la Policía Local de Yecla al grupo musical Rokavieja por alterar el orden público. Entendemos que esta sanción atenta contra nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión. Libertad de expresión que aún se ve más reforzada cuando las palabras se pronuncian desde un escenario y por un conjunto musical.

Es cierto que en el concierto celebrado el pasado mes de septiembre con motivo de la Feria de Yecla, desde el escenario se pronunciaron las palabras: “mucha policía, poca diversión”, pero estas se pronunciaron como una coletilla o frase hecha. Frase que viene siendo usada por la juventud desde principios de los ochenta, a raíz de que el mítico grupo de punk rock originario de Santurce (Eskorbuto), publicara su primer disco con ese nombre en 1983, conteniendo este una canción que se titulaba también así, y que fue un himno de la juventud en la época de la Transición. Mediante esta frase o consigna, como se quiera llamar, siempre se han criticado los excesos en las actuaciones policiales. Fue éste el motivo por el que se pronunciaron estas palabras desde el escenario. Simplemente para opinar sobre el exceso de carga policial que se ejerció sobre un joven durante el concierto. El chico fue reducido por cuatro agentes y arrastrado hasta fuera del recinto para identificarlo. Esta actuación fue el desencadenante de que tres amigos suyos se encararan con la policía y pidieran explicaciones a los agentes por esta desproporción en el uso de la fuerza, pues a todas luces se veía que el sujeto que portaba una bengala, no tenía intención de causar perjuicios a nadie y lo hizo pensando que estaba totalmente permitido, al ser esto mismo lo que le aseguró el que se las vendió en una tienda autorizada.

Es totalmente incierto que estas palabras fueran las causantes o las que motivaron que los tres jóvenes se encararan con la policía. Estos jóvenes se encararon con la policía justo en el momento en que cuatro agentes acometieron contra el joven de manera desproporcionada. Fue cuando los agentes sacaron al chico del recinto, cuando se pronunciaron las palabras. Esta frase hecha se pronunció en tono de opinión y no de odio. Si la intención de esto hubiera sido que la masa asistente al concierto atentara contra la policía, se podrían haber realizado consignas más violentas y más directas que en ningún caso se realizaron. De hecho, la mayoría de los asistentes al concierto ni se enteró de que esta frase se dijo. Entendemos que para que una conducta como esta pueda ser sancionada, los insultos contra la policía deberían ser más considerables. Además, esto no fue un insulto y una falta de respeto sino una opinión. No estamos de acuerdo en que se insulte a la policía ni a nadie, pero somos conscientes de que nos ampara la libertad de expresión y que siempre que se haga de una manera proporcionada y sin causar un riesgo real, haremos uso de la misma para criticar cualquier injusticia social: ya sea un abuso policial, la corrupción política o la de la Iglesia.

La denuncia se basa en que la opinión vertida por los miembros del grupo “Rokavieja”: “mucha policía, poca diversión” y “a ver si podéis con él”(refiriéndose al joven), provocó que los asistentes se encararan con la policía. Como hemos dicho anteriormente, esto es incierto. Entendemos que para poder sancionar una opinión vertida en un concierto, esta debe provocar un riesgo real. Y este no se produjo. Si se empezara a sancionar este tipo de conductas, entraríamos en un bucle sin salida en el que cualquier opinión como por ejemplo: “políticos corruptos” tendría que ser sancionada por el riesgo de un peligro abstracto consistente en que los asistentes al concierto pudieran encararse con cualquier político asistente al mismo. Y en un concierto municipal, organizado por un ayuntamiento, no es raro que haya políticos entre los asistentes. Podría ser considerado de mala educación insultar al que te está pagando. Pero es que como la opinión: “mucha policía, poca diversión”, la de: “políticos corruptos” no es un insulto sino una expresión, que además es tan genérica que no ataca a nadie en concreto, que no podría ser calificada ni si quiera de injuria o calumnia por no tener un destinatario concreto y que está amparada por la libertad de expresión. Pensar en que una expresión genérica como: “mucha policía poca diversión” pueda ser considerada un riesgo patente que pueda alterar el orden público y limitar así la libertad de expresión, es tan estúpido como pensar que un joven que lleva un trozo de hachís en el bolsillo, pueda poner en peligro la seguridad ciudadana, para con esta excusa limitar así su derecho a la autodeterminación. La verdad que ante estas actuaciones, no extraña que aún siga de moda la expresión acuñada por el grupo de Santurce.

Entendemos que la denuncia y sanción de esta conducta es nula por vulnerar derechos fundamentales. Entendemos que las opiniones proferidas por el grupo están protegidas por el art.20.1 de la Constitución Española que recoge el derecho a la libertad de expresión. Es cierto que todos los derechos fundamentales tiene límites y no son absolutos. En este sentido, el art. 20.4 CE dice textualmente: “estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en éste título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollan y, especialmente en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia” . No estamos de acuerdo en que la manifestación: “mucha policía, poca diversión” pueda afectar al honor de nadie. Cosa distinta sería haberse referido a un policía en concreto con nombre y apellidos. Entendemos que los agentes de la autoridad se molesten cuando reciben estas críticas, pero consideramos una “rabieta de patio de colegio” denunciar las mismas y abrir un expediente sancionador con la excusa de que se podría haber alterado el orden público y provocar un atentado masivo contra los agentes de la autoridad por los asistentes al concierto. Es cierto que la gente desarrolla fobias a profesiones como las de policía, político, psicólogo o abogado; pero que se le va a hacer.

En cuanto al límite: los preceptos de las leyes que desarrollen el Título I de la CE, podríamos entender por ejemplo aquellas leyes que desarrollen la protección del orden público. Interpretando este límite inconcreto de acuerdo al art. 10.2 CE, es decir: de acuerdo a los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, podríamos extraer como límites: la seguridad nacional, orden público, protección de la moral, de la reputación y de los derechos ajenos. Es difícil de concluir que la opinión: “mucha policía, poca diversión” y “a ver si podéis con él”, afecte a la seguridad nacional, al orden público y a la moral. Si extendiéramos estos límites a tan nimia conducta, posiblemente no se podrían celebrar festivales ni conciertos en España. Cuantos grupos han criticado el abuso policial en alusión a registros aleatorios o por prejuicios de estética o ideología en las puertas de los festivales y no han sido sancionados. Tampoco tras estas consignas en conciertos, la masa asistente ha salido de allí con la intención de atentar contra las fuerzas del orden. Esto, en un país civilizado y que respeta los derechos humanos como el nuestro, sería tan impensable como que alguien después de ir a un concierto de “El Coleta” (rapero de Moratalaz) saliera de la sala pegando tirones a los bolsos de las viandantes.

El principio de proporcionalidad es capital a la hora de limitar derechos fundamentales. Los derechos fundamentales son de una importancia tal, que el límite que se les ponga (en este caso, alteración del orden público) debe tener una entidad tal, que pueda tener legitimidad para limitar ese derecho fundamental. En el caso que nos atiene, sin duda alguna, no podemos concluir que sea absolutamente necesario prohibir este tipo de manifestaciones y opiniones para que el orden público no se vea alterado. Esta fundamentación ha sido una excusa para intentar sancionar y así hacer escarmentar a un grupo de música que opinando sobre una determinada actuación policial, pronunció las históricas palabras malditas que un policía no quiere escuchar; esas palabras que son parte de la cultura musical de este país y que, o por causa de las leyes o de la actuación policial, han venido pronunciándose por la juventud y los grupos de música de este país desde el año 1983.

Con este comunicado queremos anunciar que el grupo de música ROKAVIEJA, ha recurrido la propuesta de sanción mediante nuestros abogados del ESTUDIO JURÍDICO BROTSANBERT por entender que la libertad de expresión, y más cuando se trata de arte y cultura, ya sea musical o de otro tipo, es la piedra angular de nuestro trabajo, un pilar sin el cual no podríamos construir el mismo ni denunciar lo que consideremos oportuno, ya sea mediante canciones o entre canción y canción. Siempre teniendo en cuenta los límites de este derecho fundamental. Límites que tanto el Estado como sus agentes intentan extender cada vez más a conductas que no son susceptibles de frenar tales derechos.

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