¿Es la quinoa un capricho de las civilizaciones occidentales?

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Linea36

Desde hace mucho, cada cierto tiempo aparece un alimento nuevo, uno de los llamados superalimentos, al que se le atribuyen propiedades excepcionales, a veces casi mágicas y su consumo, promocionado por diferentes caras conocidas e instituciones, se dispara, teniendo  diferentes consecuencias, muchas de ellas negativas, que los consumidores desconocen. En este caso, la protagonista de este artículo va a ser la quinoa, una planta que comenzó a extenderse en nuestra cocina hará alrededor de diez años.

La quinoa es una planta, un pseudocereal, puesto que sus propiedades son muy similares a las de los cereales, de la familia de la espinaca y la remolacha. Esta planta, considerada tradicionalmente un cultivo humilde, se cultiva en la Cordillera Andina, a más de 3.000 metros de altura y se empezó a cultivar hará unos 7.000 años aproximadamente. Posee grandes propiedades, entre las que destacan su bajo contenido en grasa, su alto contenido en fibra y vitaminas, especialmente del grupo B, y también todos los aminoácidos esenciales, lo que hace que sea muy apreciada y demandada por el público vegano. Todas estas propiedades han hecho que sea alabada tanto por grandes chefs como por instituciones internacionales, como la ONU, que considera que puede ser una gran ayuda para mejorar la seguridad alimentaria internacional, dado que se puede plantar en una gran variedad de climas, soportando condiciones muy duras. Pero lejos de ayudar, el aumento del consumo ha tenido un impacto muy negativo en sus zonas de origen tanto social como medioambiental.

Para empezar, hay que tener en cuenta, que la quinoa es cultivada principalmente en zonas rurales de Bolivia y Perú, siendo estos dos países quienes abastecen el 90% del mercado. Estas son zonas generalmente muy pobres. En Bolivia, por ejemplo, se calcula que un cuarto de la población de las zonas rurales pasa hambre. Mucha gente podría pensar que el aumento de la demanda de quinoa sería beneficioso económicamente para los agricultores nativos de estas tierras, pero esto difiere mucho de la realidad.

Antes de que empezase el boom de la quinoa, los habitantes de estas zonas se dedicaban principalmente a la agricultura familiar de subsistencia, en las que alrededor del 80% del cultivo de quinoa provenía de parte de los campesinos locales. Pero al crecer tanto la demanda se convirtió en un negocio muy lucrativo y en un periodo de cinco años el precio al que la quinoa era vendida por los agricultores se triplicó, por lo que muchas empresas alimentarias se quisieron unir a este negocio. Esto conllevó a que la mayoría de los campesinos no pudieran hacer frente a las grandes compañías, por lo que tuvieron que vender sus tierras a las grandes empresas y trabajar para ellas. Otros intentaron encontrar un hueco dentro del mercado hipotecándose y vendiendo sus bienes.

Ante tal cantidad de producción, los precios que habían subido, comenzaron a descender, lo que supuso un gran obstáculo para los que habían intentado hacer cara a las empresas y muchos tuvieron que venderles sus tierras, poseyendo estas compañías a día de hoy más del 80% de los cultivos, y los pocos que han aguantado ven como son extorsionados por los intermediarios. Esta bajada de precios, por supuesto, la pagaron también los campesinos asalariados de estas grandes empresas, que tras una época en la que los sueldos habían ascendido ahora veían como descendían.

Por supuesto, este aumento de los precios, no sólo afectó al precio de venta del productor, sino que también se veía en el precio de venta al consumidor, ya que subieron los precios enormemente. En Perú por ejemplo, el precio habitual antes de que se pusiese de moda, era de aproximadamente 2 soles el kilo y actualmente está entre 15 y 20 soles. Pese que a día de hoy los precios de venta de los productores han bajado, esto no se ha visto reflejado en el precio al consumidor, por lo que los habitantes de estas zonas rurales, pobres, como se ha dicho anteriormente, no pueden pagar el coste de este alimento, el cual era uno de los principales de su dieta, por lo que deben comprar otros menos nutritivos empeorando así los problemas de alimentación existentes.

Pero todo esto no sólo ha supuesto problemas sociales, sino que también se ha visto afectado el medio ambiente. El crecimiento de este negocio ha hecho que aumenten las zonas cultivadas y el cultivo masivo, en el que no se deja a la tierra recuperar sus nutrientes, lo que ha comportado la desertificación de la zona, contribuyendo al desplazamiento y desaparición de gran parte de la fauna de la zona. También estos cultivos masivos han atraído en cambio a diferentes plagas, por lo que hace falta el uso de pesticidas, contaminando así diferentes recursos naturales. A todo este problema le debemos sumar la pérdida de las identidades culturales propias de estas zonas, muy ligadas a la naturaleza y hoy en día en peligro por la necesidad de subsistir de sus pobladores adaptándose a las condiciones que les imponen y a la llegada de personas de otros lugares, desconocedores de las tradiciones locales, cuyo único objetivo es conseguir beneficios sin tener en cuenta el daño que causan.

Por lo tanto, ¿es la quinoa un producto necesario o solamente un capricho de las civilizaciones occidentales? La respuesta es bastante obvia. Nada más que por el impacto social, cultural y medioambiental que genera, queda más que claro que es un capricho, impulsado por un mundo globalizado que nos crea necesidades inexistentes y todo esto queda mucho más claro, cuando nos fijamos que es un producto fácilmente sustituible, incluso por las personas veganas, que pueden conseguir los mismos nutrientes mezclando cereales y legumbres.

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